Francisco Piñeros

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Fotografía: Tomás Méndez

Me inicie como aprendiz de orfebre en el año 1974, luego hice 4 años de estudios de joyería en la escuela Massana en Barcelona especializándome en joyería armada, cincelado, grabado y esmaltes, entre 1978 y 1982.

En los años ochenta paralelamente a mi trabajo en taller, me desempeñe como asesor de Artesanías de Colombia en diversos temas relacionados con técnicas autóctonas como la filigrana de Mompox y materiales orgánicos vegetales como coco y tagua. Desarrollé programas de docencia en orfebrería para instituciones como el desaparecido IDEC y el colegio Campoalegre.

Creé en Bogotá en el año 1989 “La Mana” escuela de formación de orfebres, donde se han formado algunos de los más relevantes artífices del arte joyero Colombiano actual. Luego de 12 años de actividad en dicha ciudad trasladé su sede al municipio de Chía donde funcionó durante 6 años y actualmente llevo 6 años de actividad en Tabio.

A partir de 1996 y durante once años dicté clases en la Universidad Externado de Colombia a los alumnos de la carrera de Restauración de Bienes Muebles sobre historia de la metalurgia desde los albores de la humanidad hasta la modernidad así como talleres prácticos en armado de piezas y fundición.

He participado en diversas exposiciones de joyería, individuales y colectivas, en Barcelona y Bogotá entre 1976 y 2010.

Recibí la mención “Sello de Calidad” en la categoría de Joyería otorgada por la asociación Colombiana de Diseñadores por la participación en Expo artesanías 1991. Así como la primera medalla de la Maestría Artesanal en Joyería otorgada por el Ministerio de Desarrollo Económico y Artesanías de Colombia en el año 1992.

La historia de las civilizaciones esta unida a la de la metalurgia, el hecho de poder subir la temperatura del fuego para poder fundir los metales tardo miles de años en lograrse y fue motor de la mayoría de tecnologías que dieron lugar al mundo moderno.

El orfebre para las culturas precolombinas era un personaje relevante dentro de la estructura social y era tenido en cuenta como “héroe civilizador”, el manejo del fuego y el aspecto alquímico del dominio de los metales los dotaban de conocimientos sobre la materia que se traducían al aspecto espiritual de la vida. Uno de los aspectos mas destacados del herrero o metalista en la mayoría de las culturas primitivas de la tierra es el de protector alejando los espíritus malignos con el tañido de su martillo en el yunque. Los Muiscas le decían a los orfebres “Tiva”, sinónimo de “buen señor”, tenían una vida itinerante viajando por todo el territorio Muisca ofreciendo sus servicios. Cuando una comunidad enviaba a uno de sus Tivas a otra esta debía enviar dos hombres del común, como se menciona en las crónicas de las guerras entre el zipazgo de Bacata y Guatavita.